Publicado 20/06/2026 04:06

La Ley de Divorcio cumple 45 años: una 'revolución' social que socavó UCD pero no desató un temido aluvión de demandas

Juristas apuntan a que de nuevo hay aspectos que actualizar

Francisco Fernández Ordóñez
Francisco Fernández Ordóñez - ARCHIVO EUROPA PRESS

   MADRID, 20 Jun. (EUROPA PRESS) -

   Hace ahora 45 años, el 22 de junio de 1981, el Congreso de los Diputados se preparaba para vivir una jornada histórica. La Cámara Baja aprobó, con 162 votos a favor, 128 en contra y 7 en blanco, la Ley de divorcio. Por segunda vez en la historia de España, los matrimonios podrían disolverse civilmente --la primera fue en 1932, con la II República--.

   Hasta entonces, era en exclusiva un tribunal eclesiástico el que decidía si otorgaba la nulidad, y aunque existían procedimientos civiles, respondían a las normas dictadas por la Iglesia Católica. Con aquella ley, los jueces pudieron conceder divorcios, pero los cónyuges seguían necesitando un motivo (como la infidelidad, el abandono del hogar o el alcoholismo) o llevar al menos un año de separación legal para conseguirlo.

   "Fue la primera ley importante de la transición. Una revolución", defiende Paca Sauquillo, abogada que publicó el primer libro sobre reclamaciones en la Ley de Divorcio y actual presidenta del PSOE de la Comunidad de Madrid.

   El proyecto partió de Unión de Centro Democrático (UCD), pero la izquierda llevaban años reivindicándolo. "Lo habíamos incluido en nuestro programa. No porque se nos ocurriera a nosotros, sino porque era una necesidad sentida por la sociedad", rememora Virgilio Zapatero, exministro, exdiputado y uno de los ponentes del PSOE en la ley.

   Sin embargo, el proyecto que había presentado UCD no convenció a los socialistas. "Era muy pacato", critica Zapatero. El relevo en la cartera de Justicia con el nombramiento de Fernández Ordóñez en 1980 como ministro facilitó la gestación de la nueva norma.

   "Ordóñez tenía dos opciones: retirar el proyecto y presentar uno más avanzado o tratar de negociar con el PSOE", sostiene el entonces diputado y ahonda: "Él tenía relaciones estrechas con nosotros y aprovechamos que quería sacar una ley progresista que fuera su carné de presentación, por lo que no tenía más remedio que aceptar todas nuestras enmiendas".

   VOTACIÓN SECRETA Y CONTRA LA DISCIPLINA DEL PARTIDO

   La votación del texto no estuvo exenta de polémicas y ensanchó el cisma que ya comenzaba a vislumbrarse en el grupo parlamentario que sostenía a Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del Gobierno.

   La aprobación de la norma solo fue posible de una manera. Una treintena de diputados 'centristas' se alinearon con los socialistas y comunistas, y votaron contra la disciplina de su partido, la UCD.

   "No podemos impedir que los matrimonios se rompan, pero sí podemos impedir el sufrimiento de los matrimonios rotos", expresó en su discurso Francisco Fernández Ordoñez, durante la jornada del 22 de junio en el Congreso.

   El debate en la Cámara Baja se atascó principalmente en dos aspectos: las causas que permitían el divorcio y la cláusula de dureza, una medida impulsada desde el Senado que permitía denegar la demanda de divorcio si se consideraba que ésta podría causar un perjuicio económico o moral grave e injustificado a la otra parte.

   "Empezó a tramitarse con grandes tensiones en UCD, entre liberales y socialdemócratas de una parte y democristianos por otra. Incluso un diputado, que era del Opus, presentó él solo una enmienda a la totalidad. La discusión estaba fundamentalmente en las causas del divorcio y en la cláusula de dureza, que nosotros éramos partidarios de suprimir", recuerda Luis Berenguer, entonces diputado por UCD, del ala más progresista, y suplente para la ponencia de la ley.

   "Los democristianos querían recortar mucho, mientras que nosotros estábamos en posiciones más cercanas a la izquierda", explica Berenguer. Y añade: "Entonces se permitía la votación secreta y nosotros decidimos votar en contra del grupo".

   Fue Virgilio Zapatero quien solicitó el secreto en las votaciones porque así pensaron que "podía salir adelante", ya que "había diputados en UCD que se identificaban con las tesis de Ordóñez".

   En el momento de la votación, la tensión creció, aunque el ala más progresista de UCD estaba convencida de que la ley saldría adelante. "Se escrutaron las papeletas y ganó la postura de la izquierda, la que apoyábamos nosotros", rememora Berenguer, quien entre carcajadas relata cómo el ministro de Justicia, sentado delante de él, acusó irónicamente a la parte más conservadora de la formación del resultado del escrutinio. "¡Esto han sido los cristianos para hacernos quedar mal!", bromeó Ordóñez tras conocer la aprobación de la norma.

   "UNA PUERTA ABIERTA A LA GENERACIÓN DEL MAL"

   En la calle, la situación era muy similar a la que se vivió en el Congreso. España se dividía en torno a la ley.

   La Conferencia Episcopal afirmó que la norma era "una puerta abierta a la generación del mal". Como prueba de la tensión, Berenguer incluso evoca cómo algunas amigas de la mujer de Ordoñez le decían a la pareja del ministro: "'Tu marido está promoviendo el divorcio porque se quiere divorciar de ti'".

   En el otro lado estuvo el movimiento feminista, una de las piezas clave para que la norma saliera adelante. "Las feministas presionaron muchísimo. Era un tema que estaba en toda la sociedad, pero sin ellas no se hubiera planteado así", reivindica Paca Sauquillo.

   En los despachos de abogados lo tenían claro. "Era absolutamente necesaria. Veíamos cómo se desangraban las familias cuando tenían una crisis. Con esta norma se abrió un nuevo campo del Derecho de Familia", atestigua el vocal de la Asociación Española de Abogados de Familia, José Luis Cembrano, quien ejerce como letrado desde 1975.

   Cembrano argumenta que aunque "la iniciativa vino de todos", fueron especialmente "los abogados los que lo plantearon" y los jueces que, en base a las propuestas, "hicieron que prosperase".

    Luis Zarraluqui, fallecido en 2022, fue uno de esos juristas que trabajó en la sombra para que el divorcio fuera una realidad. "Estuvo luchando toda su vida por esto. Él creía mucho en el matrimonio, pero pensaba que la única forma de estar bien casado era si tenías la posibilidad de divorciarte", cuenta su hija y abogada especialista en Derecho de Familia, Elena Zarraluqui.

   "Cuando empezaron Cavero [exministro de Justicia] y Ordóñez, él se preocupó mucho por apoyarles en la redacción de la ley. Le preguntaron mucho porque en esa época había pocos abogados matrimonialistas. Él conocía a muchos políticos de un lado y del otro y entonces comenzó a publicar artículos sobre la necesidad de que se aprobara una Ley del Divorcio", detalla Elena Zarraluqui.

   UN ESPERADO ALUVIÓN QUE NO FUE TAL

   La norma entró en vigor en agosto, pero no fue hasta el 7 de septiembre cuando Julia Ivars y Vidal Gutiérrez abrieron la veda y se divorciaron en Santander, convirtiéndose en la primera pareja que lo hacía. El año 1981 finalizó con 9.483 divorcios, una cifra lejana al aluvión esperado. En total, desde entonces, se han llevado a cabo unos 2,7 millones de divorcios, según datos del Consejo General del Poder Judicial.

   Pese a todo, los españoles aún necesitaron una norma posterior para poder divorciarse sin motivo. "La sociedad española no estaba preparada para un divorcio directo en 1981", apostilla Zarraluqui, mientras que Zapatero justifica que la idea fue tomar una decisión que "fuera respaldada por una amplia mayoría social y no provocara rechazo".

   En 2005 llegó el "divorcio exprés" del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Sin embargo, juristas consultados apuntan a que de nuevo hay aspectos que actualizar. Así, Cembrano critica la "falta de medios" en la Justicia y Zarraluqui señala un espejo en el que la legislación española debería mirarse: el Código de Familia catalán.

   "Con aquella ley los que querían divorciarse, lo hicieron. Resolvimos un problema. Ahora se trata de legislar satisfaciendo un derecho y esa es una actitud distinta", zanja Virgilio Zapatero.

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