Zona afectada por el incendio de Niebla (Huelva) que lleva cinco días activo. A 11 de agosto de 2026 en Niebla, Huelva (Andalucía, España). Ya son más de medio millar los efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) y la Guardia Civil que participa - Francisco J. Olmo - Europa Press
MADRID, 23 Ago. (EUROPA PRESS) -
Colocar barreras para que las lluvias, como las ocurridas esta semana en varios puntos del país, no arrastren ceniza ni suelo o estudiar si los árboles quemados están adaptados para regenerarse por su cuenta antes de empezar a replantar la zona son algunos de los consejos de expertos para regenerar los territorios afectados por las llamas, en un verano marcado por los incendios de Ávila, Madrid, Niebla (Huelva), Zamora o Los Gallardos (Almería), entre otros.
El decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes, Eduardo Tolosana, ha recalcado en declaraciones a Europa Press que la prioridad inmediata es atender a los afectados por los incendios: a los que han perdido sus hogares, negocios, ganado, etc. De cara a la restauración del medio natural, ha apuntado a la necesidad de evaluar primero los daños para valorar "dónde es más urgente actuar".
"Para esto hay dos factores. Uno es la pendiente. Los sitios con mucha pendiente que se han quemado suficientemente tienen mucho riesgo de erosión, de que el agua, si llueve, arrastre las cenizas e incluso el suelo. Y el segundo factor a tener en cuenta para valorar la necesidad de actuar antes es la severidad (...), la temperatura que ha alcanzado el suelo por la energía que ha tenido el incendio en cada sitio", ha detallado.
En este sentido, ha explicado que "lo normal" es poner barreras para los arrastres de tierra o de cenizas. Éstas se construyen con el propio material quemado del incendio, "aunque a veces hay que traer también ramas u otras cosas de otros sitios porque no ha quedado nada lo suficientemente útil".
"Estas barreras se colocan en las pendientes siguiendo la línea de nivel, como pequeñas mini diques, pero muy pequeños, a lo mejor de medio metro de altura o de un metro de altura. Dependiendo del tipo se llaman palizadas, albarradas o fajinas, pero todas siguen la misma idea de barreras horizontales en las que se deposite el suelo o las cenizas arrastrados por la lluvia en vez de bajas a los cursos de agua. Así se evita por un lado las pérdidas de suelo y, por otro, la contaminación de las aguas", ha indicado.
Una vez colocadas estas pequeñas barreras, a veces toca repoblar, aunque no siempre. En este sentido, Tolosana ha explicado que las especies de plantas mediterráneas "están adaptadas al fuego y llevan conviviendo con los incendios desde hace millones de años". De esta manera, especies como la encima o el roble melojo "rebrotan mucho" ya que "guardan energía en las raíces".
A su vez, también hay otras especies como el pino resinero cuyas piñas se abren con el calor, soltando las semillas; o estas se encuentran en el suelo y se activan cuando se produce un incendio. "Es una adaptación por evolución natural", ha resumido el experto.
Aún así, ha recomendado estar "vigilantes" por dos razones: una es que "hay zonas en donde a lo mejor por la razón que sea esa regeneración no se produce y hay que ayudarla"; otra, que a veces era regeneración es "muy densa". "Eso es muy peligroso si se produce otro incendio", ha matizado.
Por otro lado, el decano ha apuntado a que hay otras especies, como los pinares de montaña, que no tienen esa resistencia y con las que "no queda otra" que reforestar". De manera más general, ha señalado que "el problema está" en que todos estos trabajos cuestan dinero.
Por ejemplo, el hecho poner las palizadas y las fajinas y las albarradas cuesta "entre 1.500 y 4.000 euros por hectárea". Si se produce una regeneración muy densa y hay que aclararla, esto puede costar "entre 500 y 1500 euros" por hectárea. Y los trabajos de reforestación, si es que hacen falta, pueden costar "entre 3000 y 5000 euros por hectárea".
"Entonces, claro, al final te das cuenta de que la prevención merece la pena, porque si la extinción cuesta 10.000 a 19.000 euros por hectárea y luego la restauración supone o puede suponer, dependiendo del caso, todos esos costes que te voy comentando, pues es que merece mucho la pena escoger esas zonas estratégicas de gestión y hacer prevención", ha recalcado.
DIAGNÓSTICO TÉCNICO
Por su parte, el técnico del programa de Bosques de WWF España, Jorge Aguado, ha explicado en declaraciones a Europa Press que "lo primero que hace falta" es un "diagnóstico técnico". "Lo primero que habrá que buscar son zonas donde podamos tener problemas de escorrentías y de erosión, en las que habrá que intenrar evitar esa erosión del suelo", ha apuntado.
En líneas similares a Tolosana, se ha referido a la construcción de palizadas, albarradas o fajinas en perpendicular a la pendiente para sujetar el suelo, además de hacer alusión a la importancia de esperar "a ver qué pasa con la regeneración natural" del área afectada por las llamas, ya que "muchas de las especies" españolas están adaptadas al fuego y tienen diferentes estrategias de rebrote.
"A veces vemos la imagen esa de querer plantar rapidísimo y realmente es un error porque al final estás metiendo maquinaria, personal, etc., por un suelo que está dañado, que precisamente lo que necesita es todo lo contrario", ha incidido.
Dado que algunas de las zonas quemadas este verano en la Comunidad de Madrid y Castilla y León eran "muy especiales para la biodiversidad", el portavoz de la organización ecologista también ha mencionado que también habrá que ver si se pueden realizar acciones de conservación de las especies afectadas. Por ejemplo, el águila perdicera, el águila imperial y el buitre negro.
Si bien no hay datos específicos al respecto, ha sugerido cómo, en el caso de que hayan quedado árboles maduros, se podría ayudar a la nidificación de estas especies construyendo plataformas en esos árboles grandes.
LA NATURALEZA TIENE "OTROS RITMOS"
Mientras, el divulgador ambiental y profesor de la Universidad Europea, Miguel Aguado Arnáez, ha señalado en declaraciones a Europa Press que una vez se haya reducido la temperatura interior del fuego, hay que preparar la zona afectada para la llegada de las lluvias. De manera similar a Tolosada y Aguado, ha mencionado que éstas pueden acarrear dos riesgos: el arrastre de cenizas y el del suelo.
El primero puede crear un "chapapote vegetal", es decir, una "película" que "impide que haya oxigenación en los ríos", con la consiguiente afectación en la flora y fauna de los mismos. El segundo puede provocar la desaparición del "escaso suelo con cubierta vegetal, que será fundamental" para la regeneración de ese entorno.
En este aspecto, ha incidido en que la naturaleza "tiene otros ritmos a los deseos humanos" y que aunque a las personas les gustaría que el año que viene el bosque quemado "volviera a estar como estaba", un bosque tupido tarda en regenerarse de media "entre 40 y 50 años".
Para llevar a cabo este proceso, lo primero es analizar el suelo. Por ello, ha explicado que cuando el fuego avanza deprisa, quema arbustos y no combustiona el suelo. Sin embargo, si las llamas se quedan "quietas" durante mucho tiempo en una misma zona lo acaban carbonizando, por lo que una vez extinguidas no queda un suelo "con una calidad aceptable" para poder regenerar la cubierta vegetal.
En torno al año, la naturaleza va a dar "pequeños brotes verdes". Tras eso, lo primero que se planta son arbustos, cuyas raíces permiten retener y dar calidad al suelo. "Posteriormente irá creciendo más despacio especies de árboles o bien por su propia naturaleza o bien porque los replanten; y a veces crecen a la sombra de los arbustos, lo que permite también que tengan mayor y mejor crecimiento", ha indicado.
De esta manera, habría que ir "de abajo hacia arriba". Aunque el bosque tarde entre 40 y 50 años en regenerarse, poco a poco se podrán ir viendo ya zonas que se van recuperando en los próximos años.