Víctima de explotación - SONRISAS DE BOMBAY
MADRID 26 Jul. (EUROPA PRESS) -
Saleya (nombre ficticio) tenía apenas unos años de adolescencia cuando una mujer de su pueblo le prometió un trabajo como empleada doméstica en Bombay. Tras ser vendida por 100.000 rupias (unos 900 euros), acabó siendo víctima de una red de trata con fines de explotación sexual, una realidad que, según denuncia Sonrisas de Bombay con motivo del Día Mundial contra la Trata de Personas que se celebra cada 30 de julio, una lacra que continúa afectando cada año a cientos de mujeres y menores en el sur de Asia.
Después de ser rescatada, Saleya vive actualmente en la casa de acogida Udaan, un recurso impulsado por la organización para mujeres supervivientes de la trata. Allí recibe atención médica y psicológica y aprende un oficio con el objetivo de poder reconstruir su vida de forma autónoma. Desde la puesta en marcha de este recurso en 2019, las 24 mujeres que han pasado por él han logrado recuperarse y rehacer sus proyectos de vida.
La entidad ha advertido de que el caso de Saleya no es aislado. Según recoge el informe 'Crime in India', elaborado por el National Crime Records Bureau, organismo dependiente del Ministerio del Interior de India, el 40% de los casos de trata de personas registrados en el país tienen como finalidad la explotación sexual.
La situación resulta especialmente preocupante en el caso de los menores de edad. De acuerdo con el mismo informe, en varios estados indios las víctimas menores representan cerca de la mitad del total de personas afectadas por la trata. Muchas de ellas son captadas para ejercer la prostitución o realizar trabajos peligrosos, precarios o ilegales desde edades muy tempranas, incluso a partir de los cinco años.
Como ejemplo de esta realidad, Sonrisas de Bombay ha recordado el rescate, el pasado mes de junio, de un niño que era explotado en tareas domésticas para una familia de clase media. La operación fue llevada a cabo de forma coordinada entre la policía y el equipo de rescates de la organización.
La responsable de Igualdad de Género de Sonrisas de Bombay, Varsha Kamble, ha asegurado que la edad de las víctimas de trata continúa descendiendo. "Hace dos años, rescatamos a una chica de 14 años. Sus tíos la estaban obligando a prostituirse. Su padre había fallecido y su madre pedía limosna en la calle para mantener a la familia. Ella les decía que le dolía y que no podía hacerlo, pero su familia le respondía que eso era lo que hacía todo el mundo en este barrio para ganarse la vida", ha explicado.
Ante esta situación, la organización ha subrayado que el acceso y la permanencia en la escuela constituyen dos de los principales factores de protección frente a la explotación laboral temprana y la trata de personas. Por ello, desarrolla un programa de becas destinado a facilitar la educación de niños y niñas en situación de exclusión social.
Desde 2010, esta iniciativa ha permitido el acceso a la educación de más de 1.300 menores de entre seis y catorce años. Paralelamente, durante el pasado año Sonrisas de Bombay participó en el rescate de 36 supervivientes de la trata en un total de 15 operaciones.
En conjunto, desde 2020 la organización ha rescatado a 166 personas víctimas de trata, de las que cerca del 20% eran menores de edad, en su mayoría niñas y adolescentes. Con motivo del Día Mundial contra la Trata de Personas, la entidad ha reclamado mantener la atención sobre una problemática que continúa afectando especialmente a mujeres y menores en situación de vulnerabilidad.
Fundación Amaranta también trabaja para erradicar esta lacra y, por ejemplo, en Assomada (Cabo Verde), el Observatorio Nacional contra la Trata de Personas y el proyecto Kredita na Bô, impulsado por las Religiosas Adoratrices en Cabo Verde y apoyado por la Fundación Amaranta, han unido esfuerzos para sensibilizar a la población sobre este grave delito y fortalecer la protección de las personas más vulnerables.
A través de charlas en centros educativos, actividades comunitarias y acciones puerta a puerta, el proyecto trabaja para que cada vez más personas conozcan los riesgos de la trata, sepan identificar sus señales y contribuyan a generar comunidades más seguras y comprometidas.
Como defiende la entidad, la lucha contra la trata solo es posible desde el trabajo conjunto entre instituciones públicas, organizaciones sociales y la ciudadanía.